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Las noticias falsas son contenido tendencioso y sesgado, expuesto en medios de comunicación masivos (como redes sociales, prensa, televisión, radio, etc.), en forma de noticias o titulares pseudoperiodísticos que fomentan la desinformación. El propósito detrás de la desinformación redunda generalmente en la manipulación de la opinión pública respecto a asuntos de carácter político, institucional, corporativo o personal. Los titulares de Noticias falsas contienen mucha información en el título (incluyendo habitualmente el uso de nombres propios), utilizan contenido más simple y repetitivo en el cuerpo del texto (parecen más persuasivos), y son más similares a la sátira que a las noticias reales.

La llegada de Internet, y sobre todo de las redes sociales, han propiciado la viralización rutinaria de este tipo de noticias y se ve gravemente agraviada por la acción de los bots. Basándose en el comportamiento a la hora de compartir publicaciones, el número de vínculos sociales y ciertas características lingüísticas observables, se ha estimado que entre el 9 y el 15% de las cuentas de la red social Twitter son perfiles falsos, mientras que la plataforma Facebook cuenta con un estimado de 60 millones de bots. Con todo, estudios recientes han determinado que es la acción humana la principal causante de la difusión de noticias falsas.

La pérdida de credibilidad en los medios de comunicación, es el reto que más atención ha recibido hasta la fecha, llegando el fenómeno a ser reconocido como “una crisis general de confianza en el proyecto de globalización en occidente”. Así, las Noticias falsas se ven como un resultado preocupante de una crisis de confianza en las instituciones sociales, más que como la causa principal de la pérdida de credibilidad en los medios de comunicación.

La credibilidad en Internet y redes sociales, los medios de difusión de noticias falsas más eficaces, registran índices históricos de desconfianza. Los ciudadanos de países económicamente avanzados tienen más probabilidad de consumir noticias a través de Internet.  Aunque lo anterior no signifique que sepan discernir entre noticias verdaderas y falsas. Muchos consumidores, en particular los más jóvenes, carecen de la capacidad de análisis crítica necesaria para evaluar objetivamente la calidad de la información y sus fuentes. Alrededor del 8% de la población adulta está «dispuesta a creer cualquier cosa que parezca plausible y que se ajuste a sus preconcepciones”. Es más, resulta extremadamente difícil saber cuántas personas fueron expuestas e impactadas por noticias falsas con las que no se ha tenido propiamente una interacción en Internet (búsqueda, compartir a través de redes, o darle a ‘like’).

Resolver este problema no depende de un solo agente, sino que al parecer es responsabilidad de todos. Es decir, por una parte, es labor de (1) los medios de comunicación (tradicionales u online) y (2) las plataformas de difusión de contenidos (como pueda ser Facebook) para conseguir una autorregulación de la ética profesional. Por otra parte, es deber de (3) los gobiernos e instituciones hacer lo propio para regular (llegado el caso) y sobre todo educar a la ciudadanía en alcanzar niveles aceptables en relación a la capacidad de análisis crítico de los ciudadanos (y consiguientes consumidores de noticias), como deber del (4) ciudadano saber detectar bulos, informarse bien y no participar en la difusión de noticias de dudosa procedencia. Finalmente, (5) las empresas son llamadas a la participación activa, tanto en la no provisión de noticias falsas, como en el posicionamiento ante falsedades que puedan afectar a sus stakeholders (accionistas, empleados, comunidad donde opera, etc.).

Para saber más, escríbenos a info@rededucacionec.com solicitando el informe entero!

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