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FECHA: 26 de enero de 1877

Ignacio de Veintimilla fue Comandante General del Distrito de Guayaquil durante la presidencia de Antonio Borrero. Antes había sido también Ministro de Guerra en el gobierno de Jerónimo Carrión. Tras el fin del garcianismo, el país se polarizó rápidamente entre quienes bregaban por la conformación de una Convención Nacional para enterrar la constitución garciana, expidiendo una nueva, y quienes querían lo mismo pero siguiendo el orden constitucional que implicaba que el Congreso Nacional se haga cargo de ello.

La diferencia era sustancial porque en definitiva los primeros querían que Borrero deje la presidencia y que la Asamblea Constituyente elija a un nuevo mandatario. Había un interés particular por parte del liberalismo de superar urgentemente la herencia nefasta del garcianismo. Sin embargo, no existían liderazgos sólidos aún en ese bloque, pues aunque Eloy Alfaro ya era conocido, todavía no contaba con suficiente respaldo como para tomar las riendas de la causa liberal.

En ese contexto, aparece Veintimilla, descrito como un hombre jovial y entretenido, que tenía don de gentes y era apreciado por miembros del ejército, por el buen humor que se cargaba. Y nada más, pues en formación académica, Veintimilla apenas había terminado la escuela. Abandonó el colegio para dedicarse a sus aventuras militares y llevar la “vida disoluta” por la que era conocido.  Era un buen militar y eso le valió asensos en su juventud.

Referido por su buen desempeño militar, el presidente Antonio Borrero le encargó la Comandancia en Guayaquil. En ese lapso de tiempo, Veintimilla alertó al presidente de una supuesta conspiración en su contra a cargo de un tal general Secundino Darquea, a quien unilateralmente Veintimilla expulsó del país. Borrero, de profunda vocación humanista y democrática, increpó a Veintimilla por su accionar visceral.

Borrero no era un hombre de revanchismos políticos. Dudó de la acusación de Veintimilla porque Darquea fue el principal responsable del asesinato del hermano del General años antes, y supuso que la decisión sobre su exilio se debió más bien a una retaliación.

En cualquier caso, la reprendida a Veintimilla le valió su enemistad para siempre.

Luego de un largo y profundo análisis, Borrero anunció que negaba el pedido de convocar a una Asamblea Constituyente, lo que enfureció a la oposición (sobretodo concentrada en la costa por las facciones más radicales del liberalismo). Aprovechando la coyuntura, Veintimilla, movido por la ambición personal, se convirtió en el principal instigador.

Conspiró contra el presidente aprovechando el cargo que le fue confiado, mientras remitía cartas al primer mandatario ratificándole su lealtad.  Inició los preparativos para las revueltas y cuando fue descubierto, rompió con el gobierno. En septiembre de 1876 comandó el levantamiento de Guayaquil y acusó a Borrero de traicionar los principios liberales.

El presidente Borrero, intentando mediar y siempre apegado al marco de la ley, ofreció a los desertores el indulto, a cambio de que devuelvan su lealtad al gobierno.

A los pocos días se decretó el estado de sitio en varias provincias de la costa. Veintimilla contó con el apoyo del General Francisco Robles y José María Urbina, con quienes conformaron un ejército y desataron los combates.

A pesar del respaldo mayoritario con el que contaba el presidente, Borrero no tuvo la habilidad política para generar alianzas internas que le permitan afrontar militarmente la situación. No era un hombre de guerras. Consecuentemente, el ejército constitucionalista no pudo detener el avance de Veintimilla. El 14 de diciembre de 1876, las tropas «regeneradoras» tuvieron un triunfo decisivo en Galte (cerca de Riobamba) en el que apresaron al Comandante del ejército constitucional. Esta corta guerra civil fue la más terrible hasta entonces, dejando miles de muertos. Todas las provincias de la sierra respaldaron a Borrero, pero la derrota militar no le dejó otra vía que la dimisión, misma que presentó dos días después, el 16 de diciembre.

Ya con poca resistencia, el ejército insurgente continuó avanzando hasta hacer la entrada triunfal en Quito el 26 diciembre, tras lo cual se autoproclamó Jefe Supremo de la nación. Exactamente un mes después, el 26 de enero de 1877, Veintimilla emitió una circular a los países de la región, anunciándose como nuevo Jefe Supremo del Ecuador.

EN LA IMAGEN: El General Ignacio de Veintimilla. Gobernó el Ecuador entre diciembre de 1876 y julio de 1883. Una revuelta lo depuso del poder, luego de lo cual se autoexilió al Perú, llevándose consigo cerca de 120 mil pesos que sacó del erario nacional. Pasó a la historia como uno de los gobiernos más corruptos y oprobiosos que haya tenido el país.
FUENTE DE LA IMAGEN: Archivo Nacional de Fotografía del Ecuador

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