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FECHA: 26 de febrero de 1991

LUGAR: Quito

“Alfaro Vive Carajo” (AVC) fue un grupo subversivo que estuvo activo en el país desde 1983 y que operó con fuerza en oposición al régimen de León Febres Cordero entre 1984 y 1988. Su surgimiento responde al contexto regional de la época, marcado por la Guerra Fría, el intervencionismo de Estados Unidos y la presencia de movimientos de extrema izquierda en el continente, mismos que en otros países condujeron a cruentas guerras civiles o a férreas dictaduras.

En el Ecuador, el movimiento AVC se caracterizó por actividades delictivas tales como violentos asaltos y secuestros, que apuntaban de forma exclusiva a bancos y a personas de alto poder económico. Una de sus operaciones más recordadas, fue el secuestro al empresario Nahím Isaías en Guayaquil en 1985, que terminó con la muerte de éste en el operativo que montó el ejército ecuatoriano para lograr su rescate.

Sin embargo, al margen de este incidente, y a diferencia de otros grupos similares en la región, Alfaro Vive Carajo no tiene en su historial el cometimiento de crímenes como asesinatos, ni atentados terroristas que hayan causado la muerte de civiles, si bien murieron varios policías durante los operativos antidelincuenciales. Tampoco se ha comprobado ninguna vinculación directa con el narcotráfico, aunque tenían nexos con otros grupos subversivos como el M19 en Colombia y los sandinistas en Nicaragua.

El régimen de León Febres Cordero combatió lo que denominó “el terrorismo” en el país, mediante políticas altamente represivas sustentadas principalmente en el secuestro, tortura, desaparición y ejecución extrajudicial de personas. Surgieron así el tristemente célebre SIC-10 (Servicio de Investigación Criminal), la Unidad de Investigaciones Especiales de la Policía, y la Unidad Antiterrorista de la Brigada de Fuerzas Especiales del ejército. El resultado de estas políticas fue la aparición de centros clandestinos de tortura y la detención arbitraria de personas que dejaron un saldo estimado de al menos 126 homicidios en manos de la fuerza pública, 240 casos de tortura, 500 detenciones arbitrarias y 7 desaparecidos, según un informe de la Comisión Ecuménica de Derechos Humanos hecho público en el año 2008. Todo esto llevó a que el país sea por primera vez condenado internacionalmente por violación sistemática de los Derechos Humanos. Estas acciones también desmantelaron a AVC que para 1986 había perdido a casi todos sus líderes, sea porque habían sido detenidos, desaparecidos o asesinados.

Posteriormente, la política de seguridad del Estado hace un giro significativo al llegar al poder el Dr. Rodrigo Borja Cevallos en 1988. Borja impulsó un proceso de diálogo durante dos años, mismo que contó con el asesoramiento de importantes figuras de la época como Luis Carlos Galán –prominente político colombiano, asesinado en 1989- Ernesto Samper –quien luego sería presidente de Colombia-, y Julio María Sanguinetti –entonces presidente de Uruguay. El proceso dio frutos históricos.

El trabajo de pacificación impulsado por el nuevo gobierno, se adjudicó su primera victoria en 1989 cuando logró la firma del acuerdo de paz con AVC, en contraste con su predecesor que a pesar de emplear toda la fuerza represiva del Estado, nunca logró sacar al movimiento completamente de circulación.  Ese día el Ministro de Gobierno, Andrés Vallejo, hizo su aparición en público junto con dirigentes guerrilleros de AVC como Pedro Montoya y Marco Troya y en él se anunció el camino hacia la paz, aunque el proceso parecía aún incipiente y no contó del todo con la confianza de la población. De hecho, sectores afines al ex presidente Febres Cordero criticaron las acciones advirtiendo supuestamente de que se podría dar paso a una reorganización del movimiento y un recrudecimiento del conflicto, asunto que no ocurrió.

El 26 de febrero de 1991, en acto público, Juan Cuvi, uno de los máximos dirigentes del movimiento Alfaro Vive Carajo anunció que tras acuerdos alcanzados con el gobierno, el movimiento entregaría todas las armas que tenían en su poder y que los integrantes  abandonarían definitivamente la disidencia para reintegrarse en la vida legal. Las armas fueron entregadas a miembros de la Iglesia Católica y a partir de esta fecha, el grupo AVC no volvió a protagonizar ningún hecho de violencia en el país, cerrando así el único capítulo contemporáneo sobre guerrilla y disidencia armada que vivió el Ecuador.

 Este hecho fue considerado como el triunfo político más importante de la administración de Borja.

En cuanto a las espadas del General Eloy Alfaro, que fueron robadas por este grupo en 1983 y que se convirtieron en su símbolo de lucha, fueron entregadas al presidente Rafael Correa también en un acto público, en el año 2012.

EN LA IMAGEN: Durante el anuncio de entrega de armas en Quito
FUENTE DE LA IMAGEN: Diario El Universo

Autor: Galo Larenas D.

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