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FECHA: 27 de febrero de 1829

LUGAR: Tarqui, Azua

El período comprendido entre 1822 y 1830 fue fugaz pero importante. Esos ocho años constituyeron los primeros de nuestra vida independiente y durante ellos pertenecimos a la efímera República de la Gran Colombia, que el Libertador Simón Bolívar logró fundar con miras a conformar una sola Gran República americana, proyecto que todos sabemos, fracasó al poco tiempo. Casi inmediatamente después de haber logrado la emancipación de España a través de cruentas guerras de independencia, la falta de cohesión política interna generó conflictos entre los territorios que conformaron la nueva nación. Adicionalmente, y para rematar, tampoco se logró afianzar las relaciones con los incipientes países vecinos sino que por el contrario, pronto surgieron disputas limítrofes.
Es en ese contexto que aparece el conflicto territorial con el Perú, que acompañaría a nuestro país por cerca de 180 años, hasta la firma de la paz definitiva en 1998.

La Gran Colombia estuvo dividida en tres departamentos. El Distrito del Sur, hacía referencia al antiguo territorio de la Real Audiencia de Quito, y fue incorporado a la Gran Colombia tras la Batalla de Pichincha el 24 de mayo de 1822. En épocas coloniales, sin embargo, la Real Audiencia de Quito perteneció de manera indistinta al Virreinato de Nueva Granada (actual Colombia) y al Virreinato del Perú. En este sentido, tanto Colombia como Perú veían al territorio ecuatoriano como propio, lo cual hacía evidente presagiar un conflicto a corto plazo.

La pugna por estas tierras llevó a la primera guerra entre naciones independientes sudamericanas: la guerra grancolombo-peruana, desatada en 1828…

“…si dentro de 6 meses contados desde la fecha, no hubieses puesto el Perú a las órdenes del Intendente del Azuay la provincia de Jaén y parte de Mainas que requiere del gobierno de Colombia, creería no sólo que el Perú lo hostiliza, sino que ha dejado la decisión a la suerte de las armas…”

Así rezaba el ultimátum que el General Simón Bolívar envió al General José de La Mar al enterarse de la ocupación peruana de esos territorios en marzo de 1828. Cuatro meses después la guerra había estallado.

Las tropas peruanas que habían invadido territorio grancolombiano, avanzan hasta Yunguilla y pretenden seguir avanzando pero el 27 de febrero de 1829 son sorprendidas por el ejército del Mariscal Antonio José de Sucre en la llanura de Tarqui, mismo que a pesar de la inferioridad numérica derrota decisivamente a las tropas de José de La Mar, obligando a su repliegue y dando paso a la firma del Convenio de Girón que debió ser la antesala del fin de la guerra si no fuera porque el Perú lo desconoció al poco tiempo. El Convenio obligó al Perú a devolver a la Gran Colombia varios territorios ocupados correspondientes al actual Ecuador. Sin embargo, Guayaquil permanecería ocupada durante casi siete meses más, durante el cual las fuerzas militares del General La Mar intentaron alargar la guerra que no se resignaban a perder. Recién el 22 de septiembre se logra la firma de la paz a través del Tratado de Guayaquil mediante el cual el Perú finalmente desocupó la ciudad.

Estos últimos detalles, hacen de la Batalla de Tarqui, una gesta militar de alta trascendencia para nuestro país. Un revés militar en ese combate decisivo, hubiese significado una fractura del territorio nacional con consecuencias prácticamente irreversibles, derivando esto en una repartición definitiva de estas tierras entre Colombia y Perú, sin posibilidad alguna de erigirse alguna vez como una sola nación.

En efecto, la Real Audiencia en tiempos hispanos se extendió desde Popayán al norte hasta más abajo de Piura al sur, y desde el Pacífico al oeste hasta la desembocadura al Río Amazonas al Este. Durante la guerra, el Perú lanzó una ofensiva terrestre que llegó a ocupar Loja y Saraguro, con la intención de llegar hasta Cuenca. En la costa, tenía el control de Guayaquil y reclamaba para sí las zonas de Tumbes, y de Jaén y Maynas en el oriente. De haber terminado la guerra en esa instancia, todos esos territorios hubiesen pasado a soberanía peruana, con poca o nula posibilidad de que sean recuperados alguna vez.


IMAGEN: Mapa que ilustra los territorios en disputa durante la guerra de 1828 (sin contar con Guayaquil)
FUENTE DE LA IMAGEN: Wikicommons

Ciertas fuentes históricas citan al General Lamar, cuencano de nacimiento, como un antibolivariano que buscaba fundar la República del Ecuador y convertirse en su primer presidente. Bolívar de hecho, también interpretó su rivalidad de esa misma manera. Sin embargo, Lamar no tenía vínculos con Quito ni con la zona norte del Ecuador, donde fue visto como un traidor a la causa libertaria de Bolívar. Por otra parte, a pesar de haber servido y rendido lealtad al Perú, tampoco gozaba de la simpatía de varios sectores peruanos quienes lo veían como extranjero. De hecho, la oposición a su mandato fue tal, que la derrota sufrida en Tarqui le significó a la postre su muerte política, al ser derrocado por el General Agustín Gamarra poco tiempo después, quien asumió el mando del gobierno peruano.

En ese contexto, y con el trasfondo que se ha evidenciado, la guerra gran colombiano-peruana y más específicamente los acontecimientos de Tarqui, marcaron el destino de los territorios del Departamento del Ecuador, que selló así su alianza con Colombia y acabó definitivamente con la influencia peruana y cualquier pretensión de anexión al Perú.

Sin embargo, como sabemos, la amenaza a la integridad territorial y a la unidad nacional nunca pudo desaparecer y acompañó al país durante casi toda su vida republicana, a la que tuvo que hacer frente de manera totalmente independiente. De hecho, la separación del Ecuador de la Gran Colombia, dio al Perú el pretexto perfecto para desconocer lo acordado en el Tratado de Guayaquil e iniciar así un nuevo largo y doloroso capítulo de eternas disputas –a las que luego se sumaría también la nueva República de Colombia- y que dejarían al Ecuador con una herencia territorial equivalente a menos de la tercera parte de lo que alguna vez fue la vasta y rica Real Audiencia de Quito.  

Autor: Galo Larenas D.

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